Todo comenzó allá por el 2005, como la historia de muchos niños y niñas. Inicio en un nuevo colegio, en el Colegio San Gabriel y además con cambio de etapa. Bienvenida a la Educación Primaria, mis nuevos compañeros y todos los nuevos aprendizajes.
Estos primeros años fueron emocionantes, llenos de aventuras, aprendiendo cosas nuevas y conociendo a un montón de niños y niñas, de los cuales la gran mayoría se convertirían en personas indispensables en mi vida.
Me adentré en el fascinante mundo de la adolescencia y la secundaria de la mano de las pedagogías activas y el nuevo modelo metodológico Flipped Classroom. Recuerdo que estas nuevas prácticas fueron un gran descubrimiento aunque al principio andábamos un poco perdidos. Pero en el momento que cogimos el tranquillo nos hicimos todos unos expertos dignos de nuestra era.


No puedo olvidarme de las múltiples dinámicas y trabajos en grupo, que a mi parecer fueron un gran aliado no sólo para aprender sino para divertirme y motivarme en esa etapa tan extraña.
Los años posteriores en la universidad esta forma de trabajar se convertirían en mi día a día. Por eso, no fue ninguna preocupación, estaba más que preparada para cubrir el rol que se me asignase.
Hoy, desde la distancia, soy consciente que conforme creces se es más consciente de cada uno de los valores que me inculcaron en el colegio San Gabriel. Y hoy en día puedo decir que es una suerte haber crecido rodeada de todos ellos. Destacando la fe y el sentimiento pasionista que hace que todo lo que te propones lo hagas con ganas y pasión, mucha pasión.
Los dos últimos años cursando Bachillerato fueron un poco agridulces. Años intensos de mucho trabajo y estrés pero también años de crear bonitos recuerdos, hacer piña y valorar. Valorar la suerte de haber crecido en el cole, nuestro cole. Y es que cuando lo vives es algo inexplicable.


Tan inexplicable como la sensación de coger una llamada de teléfono, escuchar una voz que te resulta familiar y automáticamente decir sí. Responder sí a la nueva oportunidad que la vida y nuestro patrón Gabriel me brindaron. La oportunidad de volver a recorrer los pasillos del cole, las aulas, esa naturaleza e impregnarme del sentimiento pasionista aún más si cabe; ya no como alumna, sino como profesora.
¡Qué bonito es volver al lugar que te vió crecer! Sentir de nuevo ese calor y volver a casa. Porque pase el tiempo que pase, esté donde esté, mi corazón siempre será pasionista.
Alba Oñate. Ex alumna y profesora de 1º de infantil



